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La Enfermera

Mi nombre es Rossy y todo comenzó cuando cumplí 14 años. Aquel día comí demasiado pastel y sufrí un principio de intoxicación. Me llevaron a un hospital y, como soy delicada del estómago, me recetaron 2 días de reposo. El problema era que mis padres trabajaban ambos, por lo que solicitaron al médico una enfermera de día para velar por mi salud. En ese momento el médico les dijo que conocía una enfermera, de nombre Pilar. Ella llegó puntualmente al día siguiente. Era una mujer enfermantemente hermosa, de unos 23 años, unos senos muy prominentes, cintura angosta y largas y contorneadas piernas, piel morena, ojos almendrados y un pelo negro que brillaba a la luz natural y artificial.

Por mi parte, mi cuerpo ya estaba tomando medidas interesantes que hacían que los chicos de mi escuela se voltearan a verme. Mis padres se fueron y nos quedamos conversando. Cuando se sentó en la cama se le abrió su delantal. Ví unas piernas muy lindas. Ella notó mi mirada y me dijo si las encontraba bonitas. Yo me puse colorada y ella rió. Más tardem, durante el aseo, ella insistió en lavarme con una esponja a fin de evitar un enfriamiento. Para ese momento no podía dejar de mirarla y sentir algo raro en mi pecho y sexo. Al rato, sacó la camisa de dormir y noté que una de sus manos tiritó. Me dijo: "Rossy, tienes un bello cuerpo. Mira tus senos. Tí a más de uno vas a hacer feliz. ¿Algún hombre te ha tocado?". Yo respondí que no.


Comenzó a lavarme y, terminada esta operación, me dijo que pondría unas gotas de aceite emulsionado para no secar la piel. Empezó a ponerlo sobre mis pechos, que a esa altura estaban paraditos. Como notó este último detalle, me preguntó si me gustaría que ella me enseñara lo que le hacían a una mujer con sus senos. Yo respondí que sí. Ella comenzó lentamente a besar mis pezones mientras, con la otra mano, recorría mi tierno y delicado cuerpo. Yo cerré mis ojos y mordí mis labios. Luego descendió lentamente hasta mi sexo con su lengua y comenzó a hacer movimientos circulares en mi clítoris a la vez que introducía su puntita en mi sexo. Se sentía tan rico, pero tan rico,... Con sus manos recorría mis muslos, mi espalda, mis senos,... Me tenía descontrolada. Nunca había sentido esta sensación.


Luego me pidió que me volteara y comenzó a desnudarse, desabrochando su bata blanca y dejando a la vista de unas tetas grandes con pezones negros y duros. Se sacó sus bragas y se sentó sobre mi trasero, comenzando a restregar su sexo contra mi trasero y sus senos contra mi espalda. Su pelo se enredaba con el mío y comenzó a dar pequeños grititos en los que me decía "Oh, qué rico, qué suave es tu piel, qué senitos tan tiernos, qué pezones tan rosados. Tienes que ser enteramente mía". Me pidió que me diera la vuelta,me tomó las manos e hizo que las pusiera en el respaldo. Mientras, ella besaba mi cuello, mi boca, y bajaba hasta mis senos, mi estómago, presionaba mis caderas, tocaba con sus manos mi sexo, metía su manos entre mis piernas y bajaba con movimientos rítmico hasta mis pies para luego subir con su lengua.


Me pidió que metiera mis dedos en su sexo moviendo sus caderas en forma circular, tomándose con una mano una enorme teta y tratando de besársela. Con la otra mano acariciaba su pelo, todo esto sin dejar de moverse. De repente sacó de entre su bolsa algo largo y blanco. Me pidió que se lo metiera. Yo lo metía y lo sacaba, y ella gritaba de placer. Luego me pidió que la besara en su sexo. No me gustó la idea pero tenía tan buen olor en todo su cuerpo que comenzamos haciendo lo que hoy conozco como el 69. Me besaba, me recorría entera, cuando, de repente, sentí un pequeño dolor entre mis piernas pero yo no dejaba de acariciar sus muslos. Enterré mis uñas en ellos cuando sentí aquel dolor. Ella me dijo "Déjame, pequeña, me tienes loca. Mira qué cosita más rica y tierna. Este dolor se te va a pasar y gozarás más. De repente el dolor se transformó en placer.

Mi corazón latía rápido y mi respiración era entrecortada. Comenzó el movimiento de atrás hacia adelante. Metía ese aparato y, de pronto, lo hacía en forma circular. Luego me pidió que me pusiera de espaldas. Abrió mis piernas y me metía ese aparato mientras con el dedo pulgar jugaba con mi clítoris. Más tarde sacó el aparato, se tendió a mi lado y comenzamos a acariciarnos tienamente. Su lengua en mi boca me trastornaba. Ella acariciaba mis senitos, mi estómago, mi sexo. Cuando bajó hasta mi sexo me hizo casi desmayar. Antes de casi perder el sentido sentí cómo un chorrito salía de entre mis piernas. Ella me pidió que hiciera lo mismo.


Luego de un momernto, mientras lamía su sexo, ella puso sus dos manos sobre mi cabeza y la presionó sobre su sexo, a la vez que levantaba su trasero y su espalda de la cama. Podía sentir cómo movía la cabeza de un lado a otro y, finalmente, me dijo "me hiciste acabar, diablilla". Desde esa oportunidad nos vemos con bastante frecuencia e incluso me presentó a una amiga, pero esa será otra historia.

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