|
Martha
Hola, soy Cachi y os quiero contar la
experiencia que tuve hace dos semanas con mi sobrina. Yo tengo 38
años y soy la tía de Martha, que tiene 18 años. Pues bien, hace dos
semanas estaba hablando con ella. Martha es muy menudita para su
edad. Apenas despuntan sus pechitos y su sexo no tiene aún vello
púbico. Estábamos hablando de chicos. Ella me decía cómo aún no
tengo novio. Yo le comenté que no había encontrado al hombre de mi
vida. La conversación derivó hacia el sexo. Ella me preguntaba
acerca de cosas que no sabía. Le pregunté si sabía lo que era
masturbarse y me contestó que en el colegio había hablado alguna vez
de eso con sus compañeras, pero que nunca lo había hecho.
Yo le dije que era algo muy normal y que si sentía la necesidad era
una forma de descubrir su cuerpo. Ella me dijo que no sabía como se
hacía. Le dije que si quería yo le podía enseñar. Le dije que se
relajara, mientras con mis manos le acariciaba el vientre. Vi que se
estaba relajando y me aventuré cada vez más hacia abajo sin rozarle
el sexo. Noté que ella estaba a gusto y ya sin complejos deslicé una
mano sobre su sexo por encima del pantalón que llevaba. Fui
masajeándola y noté que ella acompasaba sus movimientos de pelvis
con los de mi mano, así que introduje una de mis manos por debajo de
sus pantalones y por debajo de sus braguitas hasta notar su rajita,
mientras mi otra mano se deslizaba por debajo de su blusa hasta
acojer uno de sus incipientes pechos.
Noté como su pezoncito se iba poniendo duro. Sus ojos estaban
cerrados y su boca sonreía de placer. Con la otra mano notaba que se
estaba poniendo húmeda. La verdad es que yo también me estaba
poniendo cachonda. Para satisfacerme pegue mi cuerpo al suyo y
empecé a frotar mi entrepierna contra su vientre. Aunque yo estaba
aún vestida el frotamiento me causaba un agradabilísimo placer.
Dirigí una de sus manos hacia uno de mis pechos que, aunque pequeños
(no soy muy tetona) se estaban poniendo muy duritos. Entre los
masajes de mi mano contra su clítoris y mi propio frotamientro
contra su vientre, se escapó un gemido de la boca de Ana que me puso
a mil.
Casi con agresividad le despojé de su ropita y yo de la mía y me
puse a cabalgarla con pasión. Mientras me frotaba con su cuerpo no
pude evitar introducirle un dedito en su vagina. Al encontrarme con
la resistencia de su virginidad, fuera de mí, apreté con insistencia
y ella lanzó un grititio de dolor. Sin embargo, yo no cejé en mi
empeño y aumenté el ritmo de su masturbación. Así que ella comenzó a
gemir con más fuerza. Yo noté que mi clímax estaba a punto de
volverme loca y cuando las dos llegamos al orgasmo la besé
profundamente. Ella me respondió perfectamente a mi beso y se corrió
dulcemente. Esto pasó hace dos semanas, pero creo que volveré a
darle clases particulares a mi sobrina Martha.
Un beso muy fuerte de la tía Cachi.
|